Conflicto en el matrimonio
1Y AL tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. 2Y fué también llamado Jesús y sus discípulos á las bodas. 3Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen. 4Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora. 5Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere. 6Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos ó tres cántaros. 7Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba. 8Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáronle. 9Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala llama al esposo, 10Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora. 11Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
El primer milagro de Jesús ocurre en una boda donde las cosas han salido mal. El vino se ha acabado — en aquella cultura, una humillación, la celebración hundiéndose a la vista de todos. Fíjate dónde elige actuar por primera vez: no junto a un lecho de muerte ni en un campo de batalla, sino dentro del momento de crisis de un matrimonio. Y fíjate cómo: en silencio, usando lo que estaba allí mismo — seis tinajas de piedra con agua corriente. La mayoría de los matrimonios no se quedan sin amor de golpe; se quedan sin vino — la alegría, la ligereza, el celebrarse el uno al otro. Este relato dice que lo que se ha secado es exactamente el tipo de cosa que a Jesús le interesa, y que el agua ordinaria, ofrecida a él, puede volverse algo mejor que lo que había al principio.
¿Qué se ha agotado de verdad entre vosotros — y sigues pidiendo que se rellene, o solo repartes la culpa de las tinajas vacías?
Dios, nos estamos haciendo daño, y no entiendo del todo cómo llegamos aquí. La misma discusión vuelve con un abrigo distinto. Estoy cansado de mi propia defensiva y cansado de leer la suya. Tú fuiste a una boda cuando el vino se acabó — ven, pues, a este matrimonio, porque aquí también algo se ha acabado. Ablanda primero lo que se ha endurecido en mí; solo puedo traerte mi propia tinaja. Dame el valor de decir la verdad con suavidad y de oír lo difícil sin armadura. Y si delante de nosotros hay un vino mejor que el de atrás, ayúdanos a quedarnos los dos a probarlo. Amén.